La Fiesta

“True Friends Stab You In The Front”

True Friends – Bring Me The Horizon

“El negro me…invitó…” balbuceaba un hombre estropajo deslizando sus pies por la vereda de una mugrienta cuidad.

Esta escena se ha repetido por los años transculturalmente: el hombre busca evadir el dolor envenenándose.

“¡Es mi compadre!” Se alzaba de vez en cuando, estirando la espalda encorvada jadeante. Paraba de caminar por unos minutos, hundiendo los pies entre la basura como para enraizarse bien al suelo. Y luego seguir caminando.

Así la procesión se fue desenvolviendo durante el transcurso de la noche, hasta que llegó (tal vez hasta de casualidad) al “Chancho Tirado”.

La entrada desgastada por el tránsito de pies inestables, daba la bienvenida a nuestro trágico actor, quien se iba afirmando de las paredes agrietadas.

Adentro el bullicio era ensordecedor y las tenues luces no ayudaban a ver con claridad mientras el salón daba vueltas y vueltas.

“¡Negro!” Llamó a una mesa de unos seis personajes apretados hombros a hombro en torno a una metrópolis de vasos y botellas. Cada uno apretando sus vasos a nudillo blanco.

Unos ojos se elevaron por un segundo, debajo de una sonrisa burlesca.

“¡Oiga! ¡Futre….compadre!” insiste nuestro mendigo, recibiendo ademanes de dedos chasqueantes y cabezas hundidas intentando no reconocerle.

“¡Feliz cumpleaños po compadre…!” Los ojos sollozantes se fijan en un individuo. Este lo mira de vuelta y se percata que trae uña botella envuelta en una bolsa de papel arrugada, que casi se mimetiza con su abrigo roñoso.

De pronto, entre gritos, brazos alzados y aparentes bienvenidas, le buscan una silla. Los saludos son efusivos y estrepitosos.

Algo empieza a chorrear.

La botella se había quebrajado al chocar con la silla y ahora todos estaban poniendo sus vasos debajo de la bolsa goteando el preciado alcohol.

Las manos empezaron a competir. Abrazos, tirones, deslices, gritos y felices cumpleaños giraban en torno a la mesa que se iba corriendo a medida que la manada la arreaba.

Al rato, las risas tuvieron otro motivo, dado que la botella ahora rota había dado contra las costillas del mendigo invitado, mientras él seguía mirando cariñosamente a su compadre y deseándole lo mejor para su vida entre lágrimas.

El carrusel siguió dando vueltas durante horas, hasta que uno a uno se paraban y dejaban la mesa ahora teñida roja.

Finalmente todos se fueron, dejando sólo al invitado sorpresa que decía con voz apagada una y otra vez “gracias por invitarme Negro….gracias por invitarme amigo…”

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Naturaleza

“Yeh yeh we’re nice guys… until we’re not”

Sssnakepit – Enter Shikari

Don Patricio Retamales se despertó esa mañana envuelto en las llamas del odio y hastío. “¡Ya no más!” murmuraba convencido mientras hervía el agua en la tetera para su té matutino. “¡Ya no más!, no les voy a aguantar ni una más, y que no me llamo Patricio…” Insistía mientras sorbeteaba su té ruidosamente, y que aparte estaba amargo porque se le olvido echarle azúcar.

“No me la van a hacer otra vez, esos canallas que manejan como las hueas. Siempre cedo yo, SIEMPRE cedo yo, pero hoy no. ¡Ya no más!”. La marraqueta parecía crujir con fuerza, y las migas salían disparadas por sobre todo el mantel de tela mientras don Patricio hablaba solo.

Esa noche su cerebro preparó un compilado de absolutamente todos y cada una de las faltas que le habían cometido en sus trece años como chofer de micros. La política personal de don Patricio siempre había sido dejar el trabajo arriba del bus, y jamás traerlo a la casa. Pero lentamente comenzaron a aparecer en sueños. Los autos que se cruzaban en la pista de viraje sin hacer la fila correspondiente, que por el único hecho de señalizar tenían el derecho de introducir su maldita carrocería por enfrente de todos los civiles de buena fe que procuraban seguir las normas de tránsito por respeto al resto y cuidado de uno mismo.

Al tiempo esta desagradable imagen se mezclaba con los bocinazos de gente alterada atrasada y estresada, y hasta quizás drogada con quien sabe qué. Las encerronas de vehículos en manos de gente prepotente, que se meten y salen antojadizamente descansando en que el resto son buena gente.

Al sueño se fueron sumando los protestantes enajenados que una vez lo hicieron bajar de la maquina para incendiarla, los artistas ambulantes sin talento, los animalistas que insistían en subir sus mascotas cuando está prohibido, los hinchas que se transforman en simios cuando van a ver su equipo, las peleas entre señoras por los asientos…”¡Ya no más!” repetía don Patricio con su mandíbula dura de tantas veces que la cerró para no decir nada.

 

“¡Hoy no les voy a aguantar ninguna a nadie!” hablaba en voz alta mientras se vestía. “¡Hoy van a ver al demonio mismo bajando por la calle! No voy a parar por nadie, y si se me cruzan me voy a bajar a pegarles con un palo en la cabeza para que entiendan de una vez por todas.

Yo, Patricio Retamales, no soy un tapete.

Se me respeta, ¡a mí se me res-pe-ta!”.

 

Todo el cuerpo astral regordete de don Patricio estallaba una y otra vez.

Toma su chaqueta reflectante. Se la pone, y marcha hacia su máquina.

El encendido ruge, despertando a los vecinos.

Prende las luces, y mete primera como si fuese a arrancar la caja.

 

Tres cuadras más abajo, un perro callejero empieza a cruzar lentamente la calle.

La micro se va deteniendo paulatinamente hasta llegar a un alto.

 

Don Patricio mira con una sonrisa melancólica mientras el perro desaparece detrás de la casa color crema de la izquierda.

Tren

Nota al Lector: Últimamente me he puesto bastante creativo a la hora de hacer dormir a mi hija de once meses.

Les comparto la letra de mi última creación musical.

(Melodía de trote andino)

Chu-chucu-chu
Chu-chucu-chu
Chu-chucu-chu
Chu-chucu-chu

Ven subamos al tren
El tren de los sueños ven
Sube, sube, sube
Baja, baja, baja
Sube por las nubes
Y baja las montañas
Ven subamos al tren

Chu-chucu-chu
Chu-chucu-chu
Chu-chucu-chu
Chu-chucu-chu

Ven subamos al tren
El tren de los sueños ven
Sube, sube, sube
Baja, baja, baja
Lleva a los niños
Durmiendo a sus sueños
Ven subamos al tren

Camilo

“Hablando con mi terapeuta” comenzaste casualmente “me recomendó preguntarle a gente cercana, que piensa de mí.

Es que hablábamos de mi sensación de propósito, y nos damos cuenta que navego de una cosa a la otra.

A veces pienso que debo seguir buscando, y otras creo que me debería mantener ahí y generar constancia…”

 

Lo dijiste como si estuviéramos hablando de sabores de helados.

En ese minuto mis sentidos estaban absolutamente alerta, mientras tus ojos vagaban y tu cuerpo echado esperaba que el polvo se te posara.

Habíamos estado hablando de varias cosas, y de repente me saliste con esa. Como si me hubieses dicho una pesadez a la que no se me ocurrió nada que contestar hasta cinco horas después.

La urgencia me paralizó.

“¿Y a quien le has preguntado?”

 

Necesito más información, fue todo lo que pude pensar.

 

 

“No, aún no le he preguntado a nadie…”

La pelota dio bote en mi cancha y voló alto alto esperando un remache cósmico de parte mía.

La vi caer y mis pies no respondieron.

 

“La verdad” continuaste “veo a mi papá y como se enfocó en ser un buen profesional. Hoy está jubilado, y la verdad no es una persona realizada….he pensado que descubriría mi propósito a medida que iría quemando etapas, pero no quiero llegar al final simplemente llevado por la corriente…”

En ese minuto recibiste una llamada y tuviste que salir.

Pero detrás de ti se quedó un fantasma tuyo. Me miraba mudo, y ya no se fue más.

Los dos continuamos nuestra semana atendiendo trabajos, esposas, hijos, remedios, cocina, bencina, y cuanta cosa podíamos procesar.

 

Pero el fantasma se quedó conmigo.

Por las noches cuando hablaba con el fantasma, me excusaba.

“Y no es como que pueda llamarte cualquier día, y decirte: oye ¿te acuerdas de lo que me comentaste eso el otro día? Eso de tu descubrimiento de propósito y sensación de relevancia en el universo…si eso mismo…

La reglas sociales y de buena conducta no escritas, dictan que podríamos retomar esa conversación de forma natural, si tú lo promueves de forma sincera bajo el mismo telón de casualidad / profundidad.”

Me rasco la cabeza y me quedo dormido, mientras el fantasma se mantuvo sentado a los pies de mi cama.

 

La mañana siguiente, sentado en el inodoro, pensaba mientras tu fantasma adentro de la ducha me miraba comenzar mi soliloquio.

“Amigo, si sólo te dijera todo lo bueno que hay en ti, sé que te ayudaría un tiempo.

Te podría decir que eres un padre de familia ejemplar, y que aun cuando comentas tus fallas y vivencias, me enseñas a reír.

Si te dijera que eres intimidante en cuanto a tu excelencia como profesional, yo sé que por tu lado tendrías reparos y te quedarías conforme máximo tres días antes de volver a sentir que no das el alto comparado con algún robot que invento la NASA.

 

Lo digo por una simple razón: así soy yo también. Indudablemente estamos dotados de un hambre constante por construir, crear, mejorar, perseguir y alcanzar algo hermoso.

Y aunque pareciera que ya lo tenemos todo, sabemos que aún queremos más.

Esto sea en el nombre de la economía, la ciencia o espiritualidad.

 

Podrá sonar como excusa, pero si te hubiese adulado en ese momento, sé que habrías quedado un tanto falto. Apreciamos la crítica, pero por dentro somos aún más duros con nosotros mismos. No buscamos que nos digan lo buenos que somos, ni cuan especiales o realizados deberíamos sentirnos.

Tú y yo sabemos en que somos buenos.

Buscamos ser acompañados.”

 

Tu fantasma me sonríe, y yo sigo sentado, mudo.

Noir – Hora Última

¿Ya te calmaste un poco?

Respira hombre. Ya son las 5 y falta poco para que amanezca.

Inevitablemente piensas en otros, ¿no?

Hace poco un tipo salió de acá de una conversación muy similar a la nuestra, motivado a que todo el mundo debía fumar marihuana.
Que así todos iban a despertar, y que sé yo…

La misma pelotudez de otro que proponía poner más iglesias bajo una nueva metodología que iba a asegurar convocatoria. Otro afiebrado de exaltación por su partido político, y de todo el bien que le hace a su sociedad. Por ahí un cuarto convencido de que todos debían invertirse en una mejor educación. Considerándolo como el Padre que todos necesitan, quien jamás les iba a fallar.

Los escuché mientras se iban – todos tenían varias propuestas bastante buenas. Pero si me preguntas a mí, mejor concéntrate en ti mismo, antes de hacer grandes planes para el resto… es comprensible querer desplazar responsabilidad sobre un ideal, o estructura.

Este mirador no está hecho para mirar al resto.

Ya se acerca la mañana, y con ella tu mente gravita naturalmente hacia lo que deberás hacer.  Todo estará iluminado, y con ella la sensación del desempeño.

 

Algo que deberás cambiar.

Una nueva gran verdad.

 

Que, de todo esto deberás salir con alguna nueva revelación magistral que podrá llenar todo ese vacío, y la avalancha de elementos que le siguen.

Tus ojos me imploran algo más, pero la verdad mi estimado y nocturno amigo, es que no tengo algo más que ofrecer.

Excepto volver tus ojos sobre lo que ya tienes frente a ti.
En ti.

Eso que parece esconderse debajo de tu neo corteza cerebral rugosa y todas sus tormentas eléctricas.

Es el hecho de que existes.

Tu estas acá.

Y esto ya te hace parte.
Te conecta con todos, te involucra. Te acepta. Te da la bienvenida, te invita a nuevas aventuras todos los días y te ofrece respirar aire nuevo.

Mira.

Está saliendo el sol, y que hermoso nuevo amanecer.

¿Lo sientes como te llena un poco?

 

¡Ahí! El primer rayo asomándose por entre las montañas. Mira como inundan el espacio, esa haz de luz. Que bella cortina hecha materia por la niebla que va subiendo.

Aun si cierras los ojos, lo puedes sentir.

Una obra maestra, nunca me canso de ella.

Pero hombre, ¿Qué es esa sonrisa?

¡Y eso que ni siquiera te he contado mi secreto!

Aquí va: En mañanas como estas, disfruto un té con dos de azúcar con un par de medias lunas tostadas.

¿Y tú? ¿Cuál es tu secreto?

Caspa

Despierto con la canción que escuché ayer, pero sólo suena el coro – un chicle sin sabor que mi mente ha masticado por horas.

Ahora me levanto, pero la masa de mi cuerpo queda inmóvil, para retomar operaciones en un rato más que terminan pesando aún más.

Es la avalancha por debajo del suelo, son las cuentas que he pagado pero que no sé si podré pagar el próximo mes. Es la poca bencina que le queda al cuarto de estanque por sobre los otros tres, y el aceite que aún no chorrea del motor.

Es la comida que tengo en la despensa, que sé que basta, pero que en realidad no me alcanza. Que es bastante para el periodo  de desdicha que viví, pero que es poca con relación a lo que leí que gana un político promedio.
Y el no saber las fechas de vencimiento de las leches que compré ayer, o los quesos, o el agua. Es la uña que ahora me duele porque me la roí ayer, y no sé si me va a sangrar hoy, porque ya es irremediable que me la muerda.

Es lo que le dije a mi colega hace tres semanas, que pienso que le debió afectar, pero que no me dice si le dolió porque solo somos compañeros de trabajo y quien sabe si nos despiden el mes que viene.

Y quizás se va porque consigue mejor empleo, y yo me quedo haciendo las funciones de dos. Las tendré que ejecutar sólo y tal vez con alguien nuevo a quien le deba enseñar, pero que ya será inferior a mí por el solo hecho de que llegó después.

Y los informes que debo enviar cuadrados al callo.

Expresión maldita que aun ni entiendo.

Al menos la conozco, porque los destinatarios del informe, a esos si que ni los he visto jamás. Mas nunca como diría mi amigo.

Debo al menos lavarme la cara, y vestirme. Es demasiado temprano y no tengo ni hambre, pero hay que comer igual, porque después seguro me va a dar hambre pero no voy a tener ni fracción de minuto para meterme algo a la boca.
No estoy ni ahí con las calorías, pero igual como un cereal integral insípido, porque el miedo al doctor me gana, y creo que estoy tomando poca agua por todo el pelo que se me cae, y no tengo como pararlo.
Menos la caspa que cae y sigue cayendo.

¿Como copos de nieve?

Ni cagando.

Es algo molesto y ruidoso.

Noir – Hora Tercera

Ya estamos cerca de las 3 de la mañana, y se escuchan esos pajarillos maravillosos…que agradable que estés aquí todavía, ¿he?

 

Algunos siguen la inercia del mundo toda su vida. Otros se detienen de vez en cuando, sólo para volver a arrojarse y dejarse llevar por la corriente.

Tú tienes ese signo de interrogación gigante sobre tu cabeza que se ve a cuadras.

Pensaste que te iba a llevar a ese cuarto de La Matrix, donde te ofrezco dos píldoras, ¿no?

Bueno podría hacer algo parecido.

¡Camarero! Tráigame el usual por favor aquí para el caballero…

¡Uf que se ve divino eso!

¿Qué es?

Bueno es un tanto amargo al inicio, pero después…mira pruébalo. Te va a servir adicional a la psicodelia de la hora que estas experimentando (que ya es demasiado tarde, pero aún no lo consideras como parte del “mañana” (a pesar de que es hoy)).

Mirame, a ver, mírame que estas medio desorbitado.

No existe tal cosa como el propósito, o último significado a tu existencia.

No como te lo has imaginado hasta ahora.

Tú habitas un espacio y tiempo determinado, en el cual sí, es importante el pasado – pero no es crítico. Desde esa perspectiva, tú eres el creador de un futuro inalcanzable que es el ahora.

Tú escoges que quieres hacer. Y esto independiente de tu situación.

Tú eres el creador de una nueva realidad.

Pensar que alguien ya trazó tu historia es asfixiante.

Pensar que alguien ya hizo lo mismo antes y que no existe nada nuevo, es verdad, pero no absoluto.

Pensar que en algún momento te perdiste, y estas en un camino distinto al que deberías estar, no es más que una conjetura tuya.

Que te vas a perder de un camino por no estar atento, o por tomar una decisión equivocada; de nuevo, tú creas lo que existe ahora. Independiente de tus convicciones o lo que sientas.

Simplemente es.

Te ríes porque no me crees.

¡Obvio! Todos tienen deudas, límites, miedos, frustraciones, abusos, traumas y fantasmas de todo tipo. Con esto no digo: Se feliz, y ¡ya! (Eso es lo podrido de tu milenia: “ser feliz”, ¡que es esa mierda! Se ha manoseado tanto que ya aguanta lo que venga)

A lo que me refiero es que tienes una autonomía única.

Ten cuidado a quien o que transfieres ese “libre albedrío”.

¡¿Que qué debes hacer?!

Madre mía llévame ahora. ¡LLEVENME!

Jaja.

Bueno eso no te lo diré yo.

 

 

Lo que si te mencionaré, es que ese no es mi secreto.