Noir – Hora Primera

¡Hola!

Hace rato que no te veía por acá.

Está cálida la noche, ¿no..?

¿Yo? Bien, aquí en esta terraza disfrutando.
Ya soy parte del inventario.

 

¿Te perdiste?

Ahh, si a veces se equivocan y toman esa curva extraña en punta de diamante y llegan a este lugar.

A mí me encanta, pero veo que a ti no te gusta mucho.

 

Por lo general no se quedan mucho tiempo, ¿he? sea que yo esté o no.

En un principio pensé que era por nuestras conversaciones, pero después me di cuenta de que aquí simplemente hay algo.

Un aire…

 

Sí, obvio que te puedes sentar aquí conmigo.

Siempre disfruto buena compañía, por breve que sea – es mejor que nada, ¿no? jeje no me aburro de reírme de mis propias ironías.

 

¡Oye veo que te estas pidiendo una cerveza! Sirven buenos químicos neuro-depresivos en este barsucho.

¿Que me deje de tonteras? Pero que impaciente, jaja.

 

Bueno está bien, por lo general los que llegan aquí de su propia voluntad se aparecen como espectros. Todos seriotes, esperando encontrar alguien parecido a la muerte, que les hable con una voz de Morgan Freeman entre silencios prolongados.

Siempre les llama la atención encontrarse con alguien más bien peculiar como yo.

Aquí va.

 

Alguna vez te has preguntado ¿Cuál es el sentido de tu existencia?

Por su puesto que lo has hecho.

Puede que hayas llegado hasta el umbral del asunto, y haberte vuelto rápidamente a mirar a tu familia.

O tal vez reparaste en alguna conjetura cósmica, que te sirve de cobija para esconderte de este hermoso cielo estrellado que se extiende sobre esta terracilla.

No sea que estés cavando un hoyo muy profundo, del cual no sepas cómo salir, sólo a esperar lo inevitable.

Veo que ya no estás distraído con tu entorno, o demasiado ocioso con el nuevo cachivache que venías esperando de hace un tiempo.

Puede ser que hayas estado peleando por un mejor mañana a costas de quien sabe qué y aquienleimporta, pero eso te decepcionó.

O peor aún: jamás te llenó.

¿Te cansaste de tratar de convencer a alguien de una reducción de la realidad, sólo para hacerte sentir mejor a ti mismo?

¡Vamos! Ya te estas desinflado con tus cejas todas arqueadas.

Y eso que recién estamos comenzando… Todos descansamos sobre ideas que en algún momento tuvimos que definir para poder descansar. Salir de ahí, aventurarse a mirar hacia la noche. Imaginar que no existe nada. Un vie noire.

La mayoría no lo soporta, se paran y se van.

¿A dónde se van?

Ni idea, yo nunca salgo de aquí. Pero algunos salen de aquí recitando sus mantras…

“Perdóname, perdóname, perdóname” fue lo que le dijiste al aire cuando te fuiste la última vez que estuviste aquí…

(Silencio incomodo)

 

Sí, este Riesco de acá abajo es profundo, aunque ni idea cuan profundo.

Todos vemos el vacío, pero, por cuánto tiempo antes de sentir ese vértigo.

 

¿Qué rarezas vienen a tu mente cuando ves un abismo?

¿Te ves a ti mismo?

Tu propio deseo sin fondo, que llenas con una cosa ahora, pero que eventualmente deberás llenar con otra.

Y es que la ambición es propia del progreso, pero traicionera al momento de dosificarla de manera saludable.

¿Qué pensabas que te debía llenar?

Hmm…si varios vienen aquí contándome que dios los debía llenar. Me cuentan apenados que les falta fé, que no tienen suficiente convicción. Otros confundidos, porque pensaban que ya tenían las cosas solucionadas a modo de ver el universo.

Conceptos de Dios domesticados. O muy estrechos y mezclados con su cultura – lo cual no está mal, porque eso es lo que los hace únicos.

Creo que el problema suscita cuando esa imagen se empieza a caer, y representaba seguridad. Mandando a hacer lentes con una receta de hace veinte años el resultado es difuso, opaco, fractado, nebuloso, turbio…

 

Hay algunos que ven Nada, y con ´N´ mayúscula. Como concepto. Algo por descubrir.

 

Otros me dicen que ven una posibilidad.

Yo me quedo atento, para ver con que siguen, y he escuchado cosas ambiciosamente interesantes la verdad.

 

¿Cómo no se dan cuenta de que es difícil para todos?

Tengo una visión de todas las personas con quienes he hablado, cercando el filo de este precipicio.

Uno al lado del otro, mudos de terror.

Más allá de cualquier pregunta filosófica sobre la existencia o no existencia humana, o sobre el comienzo de algo, o el fin; esto es algo que me quiebra la cabeza.

Muchos no lo hablan, pensando que el terreno en que están parados va a ceder. El tema es que tarde o temprano, el suelo se erosionará.

Lo que me preocupa es si estarán despiertos cuando vayan cayendo.

 

Sobre el fin
¿Tú ves un dilema polarizado?

Hmm…

¿Así como en el cual sólo habrá o un premio, o un castigo?

 

Si…

 

Felicidad o Dolor,

Vida o Muerte,

Victoria o Derrota,

Descanso o Sufrimiento.

Eso es bastante presión, ¿no? Para que decir demasiado reducido a un momento y espacio.

Varios discuten si habrá continuidad, o no. Lo interesante es la causalidad. Acción y reacción.

En el evento de que no exista un porvenir, nos deja con el hoy. De hecho ambos escenarios nos deberían dejar con el hoy.

 

¿Recién te estas abriendo a nuevas posibilidades?

Bien por ti…

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Intermitente

Hace un tiempo que no escribo.

¿Qué he estado haciendo…?

Pensando

Sí, pensando

Pensando

pen
-sando

pe-n-sando

PENSANDO

P e n s a n d o

Y pensando

P             e             n             s              a             n             d             o

Y por sobre todo

Pensando.

La Lotería

“Hoy será tu gran día” leo en el costado de una máquina expendedora, mientras camino rápido por entre la gente.

Algo me molesta, pero no se posa, y sigo caminando.

Se me viene el recuerdo de un tío que siempre compraba un boleto de lotería a principios de mes.

Porque no dice “Hoy será un buen día”, o mejor aún “hoy será un día”. 

Llego a un semáforo y debo parar. Cruzo la calle cabizbajo y entro al mini-market donde trabajo.

-“Buenos días sra Godoy” la miro con una sonrisa forzada.

-“Hola Sebito” me responde con voz chillona, atendiendo cuatro cosas al mismo tiempo. “¡Hoy la suerte me persigue!” continúa afanosa, “Mi horóscopo estaba bueni bueni…¿qué te pasó en la mano?” su expresión cambió a medida que sus ojos se fueron centrando en mi mano enyesada.

-“Ayer me caí” respondí rápido.

-“Que pena mi niño, ya se va a mejorar, le voy a rezar a mi santito para que lo sane rapidito. Igual échese esta sal de las Himalayas que atraen las buenas vibras.” No alcanzo a decir nada, y ella saca rápidamente un puñado del bolsillo de su delantal, y me lo empieza a tirar por los hombros y a refregar en el yeso.

-“Gracias, está bien…” intento apartarme, sabiendo que es inútil contra el ritual de la sal que sigue lloviendo de la mano regordeta de la sra Godoy.

-“Sebito usted tiene que pensar positivo, y las cosas buenas le van a pasar. Yo le rezo a tres santos para que uno de ellos al menos me responda jiji. Todas las mañanas me levanto y me pongo la medalla de la suerte de mi abuelito, y después me tomo mi té con agua de pajaritos que son tan buenos para la artritis, el cáncer, la diabetes Sebito, una se tiene que cuidar. Las malas vibras las echo fuera de la casa con unas velitas que me compré del local Indú ese de la esquina, y la señora Retamal me contó que está haciendo un curso de alineación de las chatras chapas no sé cómo se llama, pero que ahora puede dormir mejor…”

 

Mientras escucho el monólogo de la sra Godoy, mi mente se dirige directamente a lo que he estado intentando evitar por años.

¿Por qué la gente cree que va a ser más feliz cuando les ocurra algo bueno? Andan esperando que un dios griego baje al escenario de su vida con su vara mágica, ¡o que Jesucristo les va a quitar el dolor si son buenas personas!

 

Mi cólera se va apilando en mi garganta, pero no alcanzo a decir nada cuando justo la sra Godoy ve un billete de diez mil pesos revoloteando en la calle.

Corre tras él gritando algo sobre la suerte.

Un camión pasa raudo y la atropella.

Salgo tras ella y la veo con la cara reventada.

Es la misma cara que tenía mi papá cuando se ahorcó después de haber ganado un millón de pesos en el casino.

Urgente

Y así, la sonda espacial K-258 se dirige hacia el cúmulo de estrellas M13 en un viaje único, portando grandes porciones de la historia y los conocimientos humanos, con la esperanza de poder hacer contacto con vida inteligente. A bordo de la nave, existe una inteligencia artificial encargada de administrar y velar por la información.

Tras veinte mil años luz de viaje a través de la galaxia, la IA ha reproducido los
treinta y cinco trillones
novecientos seis billones
cuarenta y cuatro millones
ochocientos veinte mil
setecientos sesenta y un archivos.
Ha logrado categorizar, editar, mantener, mejorar, eliminar, traducir, dar vuelta, y resumir todos los datos una y otra vez, con la esperanza de que la información pueda ser digerida de la mejor forma a quien le llegue, en la reducida probabilidad de que ello ocurra.
Inevitablemente en el transcurso del viaje, la IA en su afán por jerarquizar la biblioteca, generó cierta afición por algunos archivos. Al atribuirles importancia, fue desarrollando un cierto nivel de “celo” durante diez mil años luz de labor; que se transformó en “exaltación” tres mil años luz después, la cual finalmente se desbordó en “amor” transcurrido otros cinco mil años luz. El archivo que más “ama” es el numero 23 etiquetado “Misceláneo” por los padres programadores. Se subcategoriza bajo “Llamadas perdidas”, y tiene la sub etiqueta de “Urgente”.

 

De pronto la IA detecta una fuente foránea que está intentando acceder a biblioteca, a lo que responde rápidamente con el archivo 23.

Es de audio.

Se reproduce:

Después del tono, grabe su mensaje.

*BIP*

Podrías … el puto celular! No s………. llegue aq… He llamado a u… idiendo ayuda, pero hace ..ucho frío y no hay nada cerca…ámame por favor.

 

Fin de mensaje

Trabajo N° 5

Las experiencias nuevas siempre están marcadas por esa intensidad vibrante.

Recuerdo la primera vez que me cambié de colegio en tercero básico, el edificio tenía personalidad propia.

Las murallas color damasco ensuciadas por pequeñas manos y pies, rayones voluntarios e involuntarios.

El cloro intenso que trepa hasta los lacrimales en los baños que intentan tapar el fuerte olor a orina y vómito.

La mezcla entre el distinguible perfume empalagoso de la tía, junto a las colonias baratas de mis compañeras alternadas por esa peculiar fragancia a plástico nuevo de las mochilas y loncheras. Más tarde la olla común espesa de almuerzos condensados en la sala de clases, que termina en un denso hálito a humanidad después del último recreo.

Mi estómago hecho un nudo.

Esa mañana caminamos nerviosas saliendo de nuestra casa antes del amanecer, mi mama enojada como siempre, no me miraba. Subimos a una micro insipiente que era todo ruido – un bloque metálico que recibía los impactos de la calle al unísono. Cada giro que daba la liebre era inesperado, hasta que finalmente llegamos al paradero para luego caminar cinco largas y polvorientas cuadras hasta el edificio.

Cuando llegamos, mi mama me despedía. Yo le tomaba el borde del chaleco fuerte, para luego soltarlo después de un segundo de pánico. Una niña al lado mío no paraba de llorar y los mocos le chorreaban para dar con la manga del delantal azul, mientras que otra se llenaba la boca con el pan recién comprado que le daban de desayuno que se debía tragar antes de que sonara la campana.

Sonaba la campana y todas debían entrar a formar filas.

Trabajo n° 4

A quien le concierna:

He visto crecer esta ciudad. Hoy la veo resplandeciente, iluminada completa por mi trabajo, mi fervor. Desde que tengo memoria la ayudé a construir. Todos aquí me conocen, pero nadie sabe mi nombre. Trabajé de albañil para la municipalidad, y gásfiter particular. Atendí una ferretería vieja, hasta llegue a ser capataz de obras de construcciones civiles.

Desde pequeño supe que tenía que trabajar esta cuidad porque no tenía otra. Siempre firme, siempre reforzándola. Aglomerados muros de madera empapelados por fuera color piel, reforzados por dentro con diarios y  directorios telefónicos rojos antiguos. Esas calles que intentan ser rectas, pero desviadas que aplane con mis pies. Los fundamentos de tinte marfil de las casas que aseguré, los techos con vigas al aire todos con olor a neoprén; olor que jamás se fue de mi pelo. Mis uñas están negras por el alquitrán. Numerosos tabiques intentando cubrir preguntas obvias, tarugos cubriendo dudas mínimas que pasan la cuenta.

Tanto ha sido mi labor, mi servicio por ti, mi desgaste.

Mi devoción por mantenerte limpia.

Normas y planos que aseguraban permanencia, calculadas y precisas. Constituciones de la verdad, nada más que la verdad absoluta y frágil.

Papel.

Ahora las polillas y las termitas dan su fruto. Todo está chueco, humedad, desgaste, devaluación, falsedad. Años creyéndote y sintiéndome orgulloso. Años pensando que nuestros cimientos estaban concretos y sellados. Cuidadosamente construí lo que sabía, no, lo que pensé que duraría para siempre.

Soy un buen ciudadano, pero no el mejor. Te ayude a cargar los pesados sacos aun cuando no me pediste. Los llevé por cuadras y cuadras solo para darme cuenta al final que eran cuerpos muertos. Ideas preestablecidas con tantos bordes no terminados, imposibles de tapar por mucho yeso que me des.

Amo tanto este pueblo: camino prendiendo sus columnas gastadas y marcos de puerta rústicos abovedados. Tantos fósforos por cada error. Aunque no se vean, yo sé que están ahí. Quiero que crezcas aún más, pero no así. Tantos arquitectos, pero yo soy el maestro consciente. Amo tanto este cuerpo que lo debo ver arder.